Me convertí en médico porque siempre me ha motivado comprender y resolver problemas de salud con precisión y responsabilidad. La cardiología pediátrica se convirtió en mi vocación porque combina el reto clínico con el privilegio de cuidar el corazón de los niños y acompañar a sus familias en momentos de incertidumbre. Lo que más disfruto de mi trabajo es brindar tranquilidad, explicar con claridad y ver cómo cada paciente progresa con un plan bien fundamentado. Además, la docencia es una parte esencial de mi desarrollo profesional; compartir conocimiento y formar a otros médicos fortalece mi práctica y me permite contribuir a una atención futura de mayor calidad.